Los Fetiches de Wolfgang Amadeus Mozart

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Los Fetiches de Wolfgang Amadeus Mozart

Wolfgang Amadeus Mozart usó temática escatológica en sus cartas y en unas pocas composiciones. Durante mucho tiempo, este material ha constituido un rompecabezas para los especialistas en Mozart. Algunos expertos ven en la recurrencia a la escatología un uso típico de la sociedad de la época, mientras que otros consideran que es el resultado de una «lista impresionante» de rasgos psicológicos que Mozart poseía.

Post image : Reproducción del...
Reproducción del manuscrito original del canon Difficile Lectu de Mozart. Las palabras latinas lectu mihi mars fueron usadas por su parecido fonético con Leck du mich im Arsch, que significa ‘bésame el culo’ en alemán.

¿Por qué nos desagradan estos momentos que son tan naturales como comer o respirar?Nietzsche decía que “todo lo feo entristece y deprime al hombre. Le hace pensar en la descomposición, en el peligro, en laimpotencia”, en cambio lo bello se asemeja a su imagen, la vanidad predomina. Todo se limita a juicios estéticos y no es difícil entender el porqué: el olor a muerte y a mierda en las calles es repugnante y sin embargo nos deleita: desde la literatura en tiempos de Aristófanes hasta la música de hoy, la idea de lo escatológico sigue siendo relevante.

Una persona que para muchos es sinónimo de ilustración y sapiencia encarna a la perfección a este hombre amante del humor escatológico: Mozart. Nadie dijo que no se puede ser un genio y cochino a la vez. Mozart retrata la idea más plausible de cómo hasta los grandes genios son simplesanimales. Reducir a un hombre que compuso más deseiscientas obras musicales, piezas que son un canal directo entre lo divino y lo humano, a un personajillo en la Viena del siglo XVIII gustoso de escribir cartas y obras escatológicas no solo sería profano, sino realmente cochino por nuestra parte. Sin embargo, aquí estoy hablando sobre ese lado de Mozart. El propósito de este escrito no es otro sino mostrar al genio de Salzburgo como lo que fue: un hombre irreverente que desafió todos los estamentos.

Podríamos quedarnos citando los diversos cánones musicales o las decenas de cartas que Mozart dirigía a su padre, a su madre, a su prima y a muchos otros con temática escatológica, pero ¿qué hay detrás de esto? Más allá de las diversas hipótesis que hoy en día siguen planteándose investigadores, lo cierto es que la época en que vivió el compositor estuvo marcada por el refinamiento cultural y la imposición heredada de las cortes aristocráticas, por lo que no es posible desligar la idea de un contrapunto político.

Para Mozart “los amigos mejores y verdaderos son los pobres, -¡los ricos no saben lo que es la amistad!” y aunque en el compositor nunca termina de ser clara su vocación revolucionaria debido a su espíritu masónico, su desdén por cualquier figura de autoridad que sometiera sus sueños artísticos es latente. Su irreverencia, entonces, ya no solo fue componer cánones escatológicos (que en últimas eran recreativos), sino escribir grandes obras donde el individuo y sus pasiones empiezan a adquirir protagonismos, donde la rebeldía, el desenfreno y el coraje son virtudes (¿o defectos?) que van a enmarcar al nuevo hombre del siglo XIX. Un ejemplo fue el de Don Giovanni, inspirado en el mito del Don Juan español, un hombre libertino capaz incluso de asesinar con tal de satisfacer sus placeres, lo que no era completamente extraño en un siglo donde figuras como la de Giacomo Casanova, el famoso arquetipo de hombre seductor, resaltaban en Europa.

Por estas épocas el joven Goethe germina el Sturm und Drang con su Werther, Beethoven aparece para crear nuevos paradigmas musicales e introducir el romanticismo, el Estado parece temblar ante las voces del pueblo y las cortes temen por el ambiente que se respiraba en Francia. De ahí la renuencia por parte de la corte imperial cuando Mozart se embarcó en Las bodas de Figaro, basado en la obra de Pierre-Augustin de Beaumarchais, la cual contaba con un fuerte contenido político revolucionario.

Sin embargo, como los grandes dramas, la muerte llegó de improvisto. El cinco de diciembre de 1791 el pequeño niño de Salzburgo, con 35 años, falleció por complicaciones que hoy la ciencia moderna no ha podido determinar, pues su cuerpo fue enterrado en una tumba comunitaria. A diferencia de Beethoven –cuya muerte fue un acontecimiento que movió masas, la muerte de Mozart poco significó, su legado solo tomó impulso con su muerte y con la propagación de biografías y ediciones con sus obras completas.

Por lo que su legado cultural representó y representa, Mozart fue uno de los pináculos de la civilización humana, su contribución al clasicismo fue decisivo para quienes le siguieron. Se trata de uno de los compositores más interpretados y su perfección armónica y equilibrada está representada en detalles minúsculos como el uso del número áureo en composiciones musicales, sí, matemáticas aplicadas en música. Pero si ello no basta para iluminar al lector sobre las virtudes de Mozart acá va una de mis favoritas: Mozart escribía, se divertía y quién sabe si jugaba con caca. Porque lo virtuoso en él no son solo sus cualidades musicales aparentemente irrepetibles, sino que ello lo consiguió un hombre común. Un hombre o una mujer como usted o como yo. Y ahí está la mayor delicia de la vida trágica de Mozart, él pudo ser cualquiera de nosotros y, por lo tanto, cualquiera de nosotros puede ser Mozart.

Tzvetan Todorov en su ensayo sobre Mozart lo definió como un hombre ilustrado en su sentido kantiano, uno “que prefiere la libertad de su razón y de su voluntad a la sumisión (…) se reconoce en todos los demás habitantes del mundo y coloca en la cima de sus valores la alegría sencillamente humana”. No podemos afirmar que el éxito de Mozart residió en su irreverencia, de otro modo no hubiera muerto pobre y abandonado por una sociedad vienesa que no respetaba al artista o al genio. No sólo los artistas de la época enfrentaron un problema creativo con las reglas impuestas por la sociedad cortesana, sino que el sistema de mecenazgo, del cual dependían personas como Mozart, se convierte en un calvario para una personalidad inconforme con lo que recibe. Pero gracias a su vida trágica, hemos de reconocerlo, le debemos que compositores posteriores como Beethoven pudieron componer con mayor libertad a lo que hubiera hecho Haydn, Bach o Händel. Muchos de los artistas hoy en día, salvando numerosas excepciones, en nuestro mundo fugaz y contemporáneo que ya no se desvive para crear arte para la eternidad sino para el mercado, goza de sus comodidades, sus libertades y su arrogancia gracias a que personajes como Mozart se atrevieron a escribir sobre caca y sobre un mundo que dignificara la labor del músico, “si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza”.

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