ARIANNA Y EL GIGANTE

Original
This publication's author has indicated that the content is his/her own.
Your avatar
by
Cuentahistorias
Your avatar
by
Cuentahistorias
ARIANNA Y EL GIGANTE

    Año 560, Wizerláht

Wilzerláht es un lugar perdido en lo más profundo de la selva, una enigmática ciudad construida por los dioses, quienes también crearon unos gigantes para que la protegiesen. Sus templos recuerdan los de la antigua Grecia. Hay jardines inmensos y una academia construida en el centro de la ciudad, de donde salen instruidos los sabios de Wizerláht.

     La ciudad fue creada por el todopoderoso Zeus. Durante miles de años los gigantes dominaron la ciudad y nunca hubo un mortal que venciese a los gigantes hasta que nació Arianna.  Arianna era una guerrera huna y princesa de Dayán, una ciudad al sur de Wizerláht. La hermosa princesa se enamoró de Krotu, un guerrero poderoso. Una mañana el guerrero salió al Monte Zark, un lugar escalofriante con cientos de leyendas. Había anochecido y Krotu no había regresado. La princesa estaba asustada; sabía que algo había pasado pues no era habitual que su amado volviera a casa tan tarde.

     Arianna le pidió permiso a su padre, el rey Zulo.

    –Padre, presiento que algo malo le ha pasado a Krotu. Es de noche y no ha regresado. He de ir al Monte de Zark.

    –Hija, no debes ir a ese terrorífico lugar. Si no ha regresado, un gigante lo ha devorado. No puedes ir, es muy peligroso –dijo el rey.

    –Padre, no puedo dejar que mi amado muera en manos de esos gigantes; estoy dispuesta a luchar por él. Mi corazón me dice que aún vive –comentó la hija.

     –Pues, haz lo que tu corazón te dicte… Si necesitas ayuda, les puedo ordenar a mis mejores guerreros que te acompañen –le dijo su padre.

     –No padre, iré sola, puedo luchar. Mi amor es tan fuerte que podría vencer a cualquier bestia si es para defender a mi amado.

     Arianna agarró sus principales armas y fue por su caballo. Estuvo toda la noche recorriendo el Monte de Zark. Era un lugar sin vida, sin árboles, muy árido. En las montañas había miles de cuevas.  Cuando  Arianna detuvo su caballo, el hermoso corcel se puso muy nervioso pues no quería continuar. El caballo se portaba como si hubiera un muro imaginario y relinchaba. Sin embargo, la valiente guerrera huna se bajó del caballo, desenfundó su larga espada y anduvo lentamente hacia las cuevas buscando ansiosa a su amado: –¡Krotu! ¿Estás ahí?

     Sólo había viento y silencio. La guerrera hacía ruido al caminar  emitiendo cierto eco entre las montañas. Súbitamente, unas rocas inmensas se desprendieron y cayeron muy cerca de la princesa huna. Ella tuvo que evitar las piedras más pesadas para no ser aplastada. Un gigante de unos quince metros salió de una cueva y con una voluminosa maza golpeaba las rocas con fuerza, provocando grandes desprendimientos. La valiente guerrera esquivaba los pedruscos.

     –Vengo en busca de mi amado. No me iré de aquí hasta encontrarlo y tenerlo en mis brazos –dijo Arianna.

    El gigante, panzudo y velludo, bajó de las montañas y se colocó frente a la hábil guerrera.

    –El guerrero está en una de estas cuevas. Si eres capaz de encontrarlo, tuyo será. No olvides que cada cueva la custodia un monstruo. Tendrás que luchar con cada uno de ellos –dijo el gigante.

    –Sí  lo haré. Por amor lucharé hasta mi muerte. Lo buscaré antes del amanecer y me lo llevaré a Dayán –comentó la guerrera.

     La guerrera entró en la primera cueva. Justo a la entrada había un feroz león muy hambriento. Cuando la fiera saltó sobre ella,  la princesa le clavó su espada. El león le cayó encima. La cueva, a su vez,  tenía dos conductos más pequeños. Por suerte eligió el de la izquierda. El techo era mucho más bajo y comenzó a estrecharse y daba cierto temor adentrarse. Oyó un gran rugido y apareció un animal fuerte, muy similar a un lobo pero con aspecto humano.

     –Márchate de aquí;  de lo contrario morirás –dijo el lobo.

     Arianna, la guerrera, empuñó su espada con ambas manos y se acercó con mucha cautela. El lobo dio un salto y de un solo movimiento ella le cortó la cabeza al animal. La heroína siguió por la cueva sin encontrar a Krotu. Intentó buscar la salida pero vio tres conductos mucho más estrechos. Si bien estaba indecisa, decidió entrar por el del centro. Su intuición le decía que su amado estaba cerca. Jamás había entrado en las cuevas del Monte Zark. Eran muy peligrosas; para quien entraba en sus entrañas era complicado salir con vida.

     –¡Arianna!  No entres, cuidado con Cerla. ¡No entres! –le gritó su guerrero adorado.

    –Cariño… ¿Dónde estás? ¿Quién es Cerla? –dijo Arianna.

    –Márchate, es muy peligrosa, cuidado –dijo el guerrero.

     Arianna  cruzó una cueva un poco más grande. Justo a la entrada había una hermosa mujer de cabellos blancos. Sus ojos eran amarillos y poseía un cuerpo perfecto. Tenía cuatro brazos y en cada uno de ellos portaba una espada.

    –No te acerques; de lo contrario te mataré –gritó Cerla.

    Arianna dio un paso al frente y comenzó a luchar contra la malvada mujer.

    –Soy la que custodio el inframundo. Voy a llevarme a Krotu; quiero poseerlo –comentó Cerla.

    –No te lo voy a permitir. Krotu es mi amado y no vas a poseerlo –le advirtió la guerrera mientras luchaba.

    De lo más profundo de la cueva apareció un tigre blanco,  la mascota de Cerla. El gran felino corrió hacia la guerrera pero ella cargó su arco rápidamente y dio en el blanco. El tigre murió y Cerla lloraba junto a su mascota.  La audaz guerrera aprovechó su distracción para liberar a su amado y salir de la cueva. Cerla se interpuso entre ellos.

    –No vais a salir vivos de aquí. Esa mujer ha matado a mi mascota.

    Krotu con su fuerza derribó parte de la cueva y Cerla quedó sepultada en la gruta.

     Los dos enamorados salieron del Monte Zark cuando  ya estaba amaneciendo.  El gigante estaba sentado sobre las rocas y felicitó a la pareja:

    –Jamás he visto a una mujer tan valiente. Has luchado por lo que sientes, tu gran amor. Te mereces mis respetos;  eres la única mortal que ha sobrevivido en las cuevas. Has demostrado valentía y astucia. Os acompañaré a salir de aquí.

     El forzudo gigante acompañó a esta pareja de enamorados, tan valientes y comprometidos uno con el otro sin importarles las dificultades y los grandes peligros que tuvieran que superar. Él se ofreció para protegerlos del ataque de los lobos y osos hasta llegar a Dayán.

     Por el camino hubo varios enfrentamientos con unos lobos  muy hambrientos. No obstante, Krotu tenía una fuerza sobrehumana y  venció a los lobos con las manos. Decía la población de Dayán que era el hijo de Zeus, la reencarnación de Efeso. Por eso cuando derribó las paredes de la cueva, Arianna se dio cuenta que no era una persona humana.

     –Krotu. ¿Te has dado cuenta de la fuerza que posees? –preguntó Arianna.

     –Sí. Esa fuerza viene de mi corazón. Es como si los dioses me ayudaran. Cuando era pequeño podía derribar troncos de árboles. Por eso los vecinos decían que era Efeso –comentó el guerrero.

     El gigante contó una historia muy interesante:

     Hace miles de años hubo una batalla de dioses. Zeus bajó del cielo acompañado por su mujer, Hera. Sus hijos lucharon contra unos gigantes malos que defendieron el Monte de Zark. Pero los gigantes fueron vencidos por Efeso. Era un joven con gran fuerza. Los dioses crearon un monstruo llamado Zark. Es un dragón de tres cabezas y vive al norte de aquí; todavía está vivo. Es un ser inmortal; porque fue creado para proteger el valle de los gigantes. Nosotros somos gigantes buenos. Zeus nos creó para defender el Monte. Por eso cuando te vi, me puse agresivo.

     –¡Qué bonita la historia! No puedo creer que estamos en una zona donde estuvieron los dioses –comentó feliz Arianna.

    –Os voy a revelar vuestro secreto. Tú, hermosa guerrera, eres Artemisa, hermana de Efeso. Los dioses pueden casarse. Vosotros sois esos dioses;  habéis venido en esta época, siglo VI d.C., para proteger el mundo –comentó el gigante.

     –No entiendo… ¿estás diciendo que soy hijo de Zeus y que Arianna es Artemisa? –añadió Krotu.

     –Sí. Veo que lo has entendido. Quiero que sigáis con el secreto. Nadie puede saber vuestra realidad. Sois mortales y protegeréis el mundo –añadió el gigante.

     El gigante se despidió de la enamorada pareja, habían llegado al pueblo huno, Dayán. Nadie del pueblo había visto al gigante cuando él regresó al Monte Zark. La feliz pareja mantuvo el secreto.

     El rey Zulo se había preocupado mucho por su hija que había estado toda la noche perdida en el Monte. Ella les contó su aventura a los más jóvenes del pueblo. Su padre hizo una gran ceremonia bajo la luz de la Luna.  Los más pequeños se quedaron asombrados por los gigantes y esa guerrera de cuatro brazos llamada Cerla.

     Krotu le pidió permiso al rey para tomar la mano de su hija Arianna, su gran amor.

    –Majestad, para mí sería un honor pasar toda mi vida junto a su hija. Yo la amo con toda mi alma porque ella posee un inmenso corazón.

     El rey aceptó y por la mañana prepararon el enlace. La feliz pareja unió sus corazones para siempre. El pueblo donde ellos irradiaban su amor tan divino era también muy feliz tan cargado de amor.

     El secreto de Arianna y Krotu se mantuvo hasta el final de sus días. El tiempo no existe para ellos porque aún están juntos en el reino del Olimpo, el lugar de los dioses. Allí están Efeso y Artemisa, juntos para la eternidad.

1
Relato
Lectura
Gigante
Guerreros
Princesa
Huna
0.04€
The author does not have active monetization, this is the estimated revenue this post would have generated
Donate
Cheer up, leave your comment